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La vida es sueño

La vida es sueño

Dice el neurólogo Prof. Francisco J. Rubia:

[...] yo estoy convencido de que estamos determinados porque el cerebro es materia y la materia del universo está sometida a las leyes deterministas. Eso ya lo decía Albert Einstein cuando se preguntaba "¿Por qué el cerebro iba a ser una excepción?" ...eso siempre que no seamos cartesianos dualistas y pensemos que el cerebro está influenciado por un ente inmaterial. Pero ese dualismo la neurociencia lo ha abandonado prácticamente. [...] Hoy se sabe que la mente no es otra cosa que la actividad del cerebro. [...] Hay resultados experimentales que demuestran que la libertad puede ser otra ficción. Cada vez que tomamos una decisión el cerebro se pone en marcha mucho antes de que tengamos la sensación subjetiva de estar decidiendo. Por lo cual esta sensación es una consecuencia del proceso y no su origen. En un experimento en Berlín en 2008 se ha encontrado que esta decisión inconsciente se produce incluso diez segundos antes. Desde el momento en que renunciamos al dualismo cartesiano entonces ya se pone en entredicho la libertad. Una cosa es tener diversos grados de elección. Que tenemos distintas posibilidades de elección está claro, pero también las tiene la ameba el lagarto y el chimpancé. Pero si no sabemos por qué elegimos lo que elegimos entonces no hay libertad.



Me gustaría saber quién diablos es el "yo" que encabeza el párrafo.

Este científico da por supuesto que entendemos qué es la libertad que está negando. Seguramente se refiere al libre albedrío, pero eso no es más que otra palabrota que habría que matizar.

Aunque la parte de mí que elige la mayoría de las veces sea incosnciente o subconsciente (determinista o lo que sea), eso no quiere decir que no haya sido educada y creada por una parte consciente, creciendo a la par. Yo no elijo igual ahora que a los tres meses de edad. El lagarto probablemente sí. Viva la diferencia.

Puede decirme que esta parte consciente que modula y se enciende con mi subconsciente en el fondo también es “determinista”, y que la diferencia con el lagarto es "sólo" cuestión de gradación, pero sólo nombrando las cosas no las explicamos. Decir que es determinista y no decir nada es, en la práctica, casi lo mismo.

Incluso hasta parece negarnos la capacidad de reflexión: “hum, me apetece hacer esto, o mi subconsciente me empuja a hacer esto, o ya he elegido hacer esto, o ya estoy haciendo esto y no sé por qué… ¿pero es realmente lo que más me conviene? ¿Debería parar, reconducirme, contenerme, cambiar de opinión?”.

Lo que parece decirnos este señor es que no somos responsables de nuestros actos.  Si no soy responsable, entonces, una de dos: o el responsable es Otro, o no hay responsables, nunca, y el mismo concepto de responsabilidad es tan absurdo como el de metabulocitos acuo-oleosos.

Cualquiera de las dos alternativas contradice soberanamente mi experiencia diaria. Puede que viva engañado, pero como al fin y al cabo lo que tengo que hacer es vivir, pues de momento vamos tirando con estos prejuicios tan prácticos. Si la ciencia se impone la tarea de desengañarnos (función que no estoy del todo seguro sea de su competencia) tiene que hacerlo con argumentos contundentes. Para contradecir mi experiencia y cinco mil años de historia escrita no basta que una máquina mida un desfase de diez segundos en mis actividades cerebrales. Que mi cerebro es lento en reaccionar, y que está constituido por diferentes niveles que se comunican entre sí a velocidades sorprendentemente lentas, no es nada nuevo. Aún así yo puedo elegir entre insultar a este señor o contradecirle sosegadamente. Digo yo. Si es que existo.

Para negar que “yo soy libre” hay que tener muy claro qué es “libertad” y qué es “yo”. (Rizando el rizo, habría que discutir que es “ser”, pero eso es pasarse un poco de pendante ahora).

Parece que estos experimentos (y otros muchos, no lo dudo) niegan la existencia de un “yo libre” a la usanza de lo que concebían Descartes y compañía. Pues vale. Seguro que tampoco han encontrado el alma. Eso no significa necesariamente que yo no sea libre, o que no exista un yo, sino quizá que hay que matizar nuestras definiciones. Si por el contrario lo que preferimos, en vez de seguir por ese camino tan laborioso, es tachar de irreal el concepto de “responsabilidad”, estamos en mi opinión dando pasos demasiado grandes, siendo a la vez perezosos y, vaya por dios, irresponsables científicamente.

Lo cual es un poco más de lo mismo: que no por ponerle (o quitarle) un nombre a una cosa inmediatamente la comprendemos.

Si va a resultar que la neurología es la rama de la ciencia que niega científicamente la posibilidad misma de la ciencia. Y ahora para dormir bien voy a repetirme el mantra: "el profesor Rubia no existe, el profesor Rubia no existe".

 

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